¿Cuáles son los “bulos” más comunes a los que se enfrentan las personas desplazadas a la hora de encontrar piso? (Parte III)

¿Sabías que el derecho a una vivienda digna está enmarcado como uno de los derechos fundamentales de cada persona? Hoy desde Refugees Welcome exponemos otro de los bulos más comunes a los que se enfrentan las personas migrantes a la hora de encontrar piso. 

“Bulo” número tres: Las personas desplazadas deben “conformarse” con las condiciones que se les ofrece para alquilar un piso.

Un bulo común que surgió a lo largo del 2019 era la noticia de que un grupo de personas refugiadas de Siria había rechazado un piso por no tener ascensor. La noticia fue desmentida por Maldita.es donde explicaban que se trataba de una noticia de 4 años antes y además, el piso había sido rechazado por la Cruz Roja por no ser accesible para personas con movilidad reducida y por tanto, no cumplir los criterios de accesibilidad de la Generalitat de Catalunya.

El problema de este tipo de noticias falsas es la idea subyacente que defiende que las personas solicitantes de protección internacional deben conformarse con cualesquiera que sean las condiciones de su vivienda, incluso aunque no sean accesibles para personas con movilidad reducida. A veces, esta es la razón por la que se exigen condiciones abusivas en las cláusulas del alquiler.

 

Se ha extendido la creencia de que las personas desplazadas deben -y van a- aceptar ofertas que no cumplen con sus necesidades básicas o situaciones que no tienen las suficientes garantías legales

 

El simple hecho de que una noticia como rechazar un piso sin ascensor se haga viral y suscite rabia entre quienes la leen ya refleja la idea instalada en la sociedad de que una persona por ser refugiada debe aceptar cualquier tipo de condición. Esta idea es deshumanizadora, sobre todo porque a menudo olvidamos que el derecho a la vivienda es un derecho básico que no tiene preferencia sobre ninguna raza o nacionalidad. Tristemente, esta tendencia se ha acrecentado con las trabas que sufre la población extranjera para acceder a la vivienda, la propia discriminación es la que coloca a este colectivo en una situación de menor poder de negociación y les lleva a aceptar unas condiciones abusivas. De nuevo, observamos otro caso en que la discriminación se retroalimenta y acaba contribuyendo a la generación del prejuicio.

 

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