¿Cuánto vale un “hogar”?

Lo que es un negocio para algunas personas, es hogar para otras. ¿Dónde dibujamos la línea de equidad entre el libre comercio y una necesidad tan básica como es la vivienda? En los últimos años, los hogares en España se han convertido en un negocio extremadamente rentable, pero ¿cómo afecta esto a las personas desplazadas que viven en España y cómo nos afecta a Refugees Welcome?

En este último año, y debido en parte a la Covid-19, el precio de los inmuebles en España se ha reducido, lo que puede llevar a una sensación de mayor accesibilidad. Según el portal Idealista, ha habido una caída de precios del 1,3% en Madrid y del 1,5% en Barcelona, pero esta depreciación del alquiler en nuestro país no se puede considerar cómo tal si echamos la vista atrás al mercado inmobiliario de hace cinco años

Desde 2015 el precio de los inmuebles en España ha aumentado un 52%, llegando en diciembre de 2019 a un nuevo récord en cuanto al precio del metro cuadrado, que se situó en 10,18 euros. Si observamos este incremento por comunidades, nos encontramos por ejemplo que en Cataluña, el precio aumentó un 60% (incrementando el precio por metro cuadrado hasta los 14,63 euros), en la Comunidad de Madrid, el aumento fue del 57% (situando el precio del metro cuadrado en 15,30 euros). En Murcia, el precio de los alquileres aumentaron un 58% y en la isla de Mallorca, un 5%. En Galicia también se experimentó un aumento en el sector inmobiliario del 22,7% (lo que lleva a una media de 10,4 Euros por metro cuadrado). 

Una de las consecuencias de este aumento es el incremento de la negociación de los precios de la vivienda. En Barcelona por ejemplo, este tipo de negociaciones aumentaron en un 11,8%. Sin embargo, estas negociaciones generalmente se basan en opiniones y percepciones de las personas propietarias que ponen en riesgo el acceso a una vivienda digna basando sus decisiones en factores como el color de piel, la situación administrativa o el país de origen de la persona interesada. 

El racismo es un factor tan notable en el proceso de negociación y acuerdo, que los propietarios están incluso dispuestos a perder rentabilidad por elegir a sus inquilinos. Y aunque esta afirmación puede ser cuestionada, podemos recordar el suceso ocurrido este verano cuyo protagonista fue Keita Balde (futbolista del Mónaco de origen senegalés), quien se ofreció a pagar el alojamiento de 200 trabajadores del campo que dormían en la calle en Lleida. Para su sorpresa, los establecimientos contactados pusieron trabas e incluso declinaron la oferta con tal de no facilitar sus habitaciones (hasta 13 hoteles). Este caso sirve como ejemplo para vislumbrar cómo la percepción de “casa” como una inversión puede verse afectada por la discriminación racial.

Estos datos representan que, aunque sí nos hemos encontrado con una ligera caída en los precios de la vivienda, todavía se mantienen excesivamente elevados e inflados, por encima de lo que podría considerarse como razonable, justo y sostenible. Actualmente, la tasa de desempleo en España se sitúa en el 15,33% (la más alta desde julio de 2018) por lo que tal inflación en el precio de los inmuebles podría definirse como una completa distopía de la realidad económica y social de España, representando un verdadero perjuicio para la sociedad en su conjunto, pero especialmente, para las personas que necesitan una vivienda.

Debemos tener en cuenta que estas cifras no sólo representan una inflación económica, sino un desapego social en cuanto a la comprensión de la necesidad de una vivienda para empezar o seguir con el proyecto de vida de cualquier persona. Tal encarecimiento abusivo en el precio de los inmuebles debería provocar un cuestionamiento de hasta dónde llegará tal aumento, entendiendo que cuanto mayor sea el precio, habrá un menor número de personas que podrán acceder al mismo y seguirán surgiendo, por ende, más desigualdades y problemáticas sociales. 

La problemática relativa a las personas desplazadas debe entenderse no sólo como una mera cuestión social, sino también como un problema de salud pública. La ausencia de un espacio seguro y digno repercute en la salud de las personas. Por ejemplo, en lo que respecta a los problemas de salud físicos, una falta de temperatura adecuada (que sólo puede lograrse mediante una vivienda acondicionada) puede dar lugar a problemas respiratorios, trastornos de sueño y en enfermedades óseas y musculares y en relación a los problemas de salud mental, la falta de una vivienda además de suponer una carencia de estabilidad estructural puede derivar en depresión. Por esta razón, en Refugees Welcome España nos centramos no sólo en ofrecer una plataforma de viviendas con alquileres sociales para que las personas desplazadas puedan tener un acceso digno a una vivienda adecuada, sino también en el acompañamiento y creación de redes de apoyo.

Nuestro trabajo y objetivo principal es generar historias de convivencias en España, siendo una de nuestras herramientas la búsqueda de arrendatarios y arrendatarias que puedan alquilar habitaciones a un precio inferior al que ofrece el mercado normativo de la vivienda. Debido al encarecimiento de la vivienda y a la falta de oferta pública (entre otros factores), cada año resulta más difícil incrementar el número de casas registradas en las ciudades en las que estamos presentes.

Refugees Welcome España está actualmente operativo en nuestro país en la Comunidad de Madrid, Cataluña, la Región de Murcia, Galicia y Mallorca. Como hemos mencionado a lo largo de este artículo, todos los territorios en los que trabajamos han experimentado una inflación surrealista y que supone una barrera abismal para los procesos de inclusión y proyectos de vida de las personas que se han visto obligadas a abandonar su país. 

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