“No se trata de preferencias, sino de supervivencia”, entrevista a una de nuestras vínculos locales

“Las personas que migran generalmente aman y quieren volver a su país. En mi primera experiencia con personas desplazadas entendí que no se trata de preferencias, sino de supervivencia”. Son las palabras de María, una de las vínculos locales de Refugees Welcome que ha querido compartir con nosotras su experiencia como voluntaria y su visión de la misma. 

1. ¿De dónde nace tu curiosidad por el voluntariado?

Casi ni me acuerdo. Quizás empezó como una curiosidad cuando era más adolescente. Puede que primero tuviera un atractivo egoísta y mi primer pensamiento fuera pensar ¿qué podía aportarme? Ahí la respuesta es fácil, un voluntariado te aporta de todo, empatía, experiencias de la vida real, conoces a gente distinta, aprendes de ellas. Un voluntariado es enriquecedor a todos los niveles y en personas como yo que necesitamos sentirnos siempre realizadas era ideal. Pero, realmente, cuando de verdad me decidí a involucrarme y comprometerme con proyectos a largo plazo, mi curiosidad nacía de la necesidad de hacer algo que tuviera un impacto real en todas las preocupaciones del mundo. La necesidad de querer contribuir, aunque sea de una pequeña forma, a que el mundo funcione un poco mejor.

Con el tiempo me he dado cuenta de que el voluntariado en mi mente ha pasado de ser una curiosidad a una necesidad. He pasado de pensar ¿qué puede aportarme? a ¿qué puedo aportar? Y, sobre todo, he pasado de sentir que era algo opcional y ocasional en la vida de una a ser algo que considero casi un deber como ciudadana. Sin malinterpretaciones, no siento que todos debamos hacerlo, sino que me he dado cuenta de que dentro de mí lo valoro como una actividad más en mi vida que considero necesaria, como el reciclar. Lo hacemos porque queremos, pero en el fondo tenemos la convicción de que queremos hacerlo porque creemos en que contribuye a la formación de un mundo mejor. Y ya no nos cuestionamos el reciclar.

2. ¿Cuál fue la razón que te hizo aplicar a una ONG que trabaja con personas desplazadas? 

Siempre he sentido atracción por aprender de distintas culturas y siempre me ha llamado la atención aprender idiomas y conocer a personas de otros países. Recuerdo en mi instituto cuando se hacía el Día Saharaui y conocíamos a personas de la comunidad saharaui establecidas en mi ciudad, bailábamos con ellas sus canciones e incluso montábamos una jaima para estar todos juntos. Me encantaba. Más tarde entendí que como ellos me acogían en su cultura, yo quería hacer lo mismo.

No obstante, creo que el año en que di mi salto a la madurez coincidió con un momento de auge en la crisis de refugiados sirios en 2015 y 2016. Yo creo que, a todos, sin importar nuestra edad, nos impactó mucho esa oleada de personas que abandonaban su hogar y se jugaban la vida en el mar. Nadie se quedó indiferente. Recuerdo hablar con mi hermano, él es pianista profesional y es mayor que yo; y él decirme, ¿qué sentido tiene estudiar una obra de Brahms mientras esta barbarie está ocurriendo?

Precisamente, sin importar quiénes éramos, ese sentimiento no nos dejó indiferentes, por eso creo que mi curiosidad por las demás culturas y esa empatía hizo que me encantara la idea de ayudar a que alguien después de ese largo y arduo camino pudiera sentirse seguro otra vez.

3. ¿Qué reflexiones haces tras estos meses de acompañamiento a una persona migrante? Personal y profesional, ¿De qué manera?

Profesionalmente, está claro que acompañar a una persona migrante te hace entender el proceso legal que envuelve las solicitudes de protección internacional, la legislación en materia de extranjería y la práctica que existe en nuestro país en esta materia.

Por otro lado, desde la perspectiva personal, creo que las primeras reflexiones que hace una persona tras conocer y acompañar a personas migrantes son adquirir consciencia de nuestro privilegio y también, entender que las personas que migran generalmente aman y quieren volver a su país. Parecen dos reflexiones muy evidentes, pero no se entienden realmente hasta que empatizas personalmente con esas sensaciones. A veces, pensamos que las personas que migran lo hacen porque ¿Quién no querría venir a España? ¡Si a mí me encanta España! Ese suele ser nuestro primer pensamiento y también he comprendido que es completamente normal.

 

En mi primera experiencia con personas desplazadas entendí que no se trata de preferencias, sino de supervivencia.

 

Por ello, creo que ya era consciente de esas reflexiones antes de mi experiencia con Refugees Welcome, por tanto, estos meses de acompañamiento me han ayudado a profundizar en mi concienciación. De la persona a la que acompaño he aprendido lo que realmente significa llevar un viaje tan largo a tus espaldas. Desde nuestra posición de privilegio, inicialmente empatizamos con la parte más visible de la migración: el sacrificar tu vida en la ruta. No obstante, realmente es la punta del iceberg de lo que significa realmente migrar. Primero, al reflexionar sobre ello, debo entender que, desde mi posición, es normal solo empatizar con aquello que veo más inmediato y primitivo: la sensación de ver peligrar mi vida. Requiere un trabajo de empatía más profundo entender qué existe detrás de esa decisión y aunque sigo en proceso de entenderlo y mi concienciación nunca va a poder equiparar el testimonio de una persona migrante, a día de hoy, puedo compartir un aprendizaje.

He aprendido que no se trata solo de distancia con tu lugar de origen, sino que existe una distancia abstracta entre la persona que eras ahí y la que has evolucionado a ser. He podido ver qué implica luchar constantemente para mantener a esa persona genuina que somos cuando estamos en nuestro hogar. Mantener esa persona nunca es fácil porque las personas migrantes sufren discriminación por su lugar de origen, su situación de vulnerabilidad y su cultura. Mantenerse fiel a tus raíces culturales, pero especialmente personales, es un acto de valentía cuando eres migrante. Es un acto de dignidad humana. Y el hecho de que a mí me admire y sorprenda esa actitud es una prueba más de que las personas que no hemos migrado seguimos viendo el mundo desde una perspectiva donde somos el centro y el destino. Es mi constante objetivo poder liberarme de esa visión para contribuir a una sociedad horizontal e inclusiva.

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