La importancia de la sociedad en la acogida de las mujeres refugiadas

Nuestra voluntaria de Refugees Welcome Catalunya, Helena Batllori, ha investigado en su trabajo de fin de máster las formas de violencia de género a las que se enfrentan las mujeres refugiadas sirias durante la huida hasta llegar a Austria. Con motivo del 8 de marzo queremos darle voz a estas experiencias.

Cada vez más mujeres refugiadas sirias y de otras partes del mundo como Irán, Irak, Somalia, Yemen, Palestina, etc. viajan solas por diversos motivos. Al huir, muchas mujeres se ven obligadas a emprender rutas peligrosas que son especialmente inseguras para ellas y a menudo dan lugar a episodios de violencia sexual y de género. Además, las políticas fronterizas de la UE han aumentado la inseguridad y los peligros del tránsito, que afectan de forma particular a las mujeres (Gerard, Pickering 2013).

Durante el tránsito, las mujeres se enfrentan a detenciones, torturas, amenazas, chantajes, abusos y agresiones sexuales, trata de seres humanos, explotación sexual, etc. (Gerard, Pickering 2014, 344). Las condiciones de tránsito dependen mucho de los recursos económicos de los que disponga la mujer (Gerard, Pickering 2014, 351). Además, la falta de vivienda, el alojamiento inadecuado, la inseguridad alimentaria, la falta de ropa y productos de higiene, la falta de fondos para viajar y la pérdida de familiares agravan el riesgo de sufrir abusos (Pertek, Phillmore 2022, 18). Los traficantes presentes en los países de tránsito cobran a las personas refugiadas tarifas exorbitantes para seguir el viaje hasta Europa, lo que a menudo conduce a deudas y aumenta el riesgo de trabajos forzados, explotación sexual, incluida la prostitución forzada y el sexo de supervivencia (Freeman 2016; Ivnik 2017; Coppola 2018; Hase et al. 2021, Hourani et al. 2021; Mouriki 2021; Roupetz et al. 2020; Pertek, Phillmore 2022). El sexo de supervivencia es el ofrecimiento de sexo como “pago” por viajar u otras necesidades como comida, agua, etc. (Hase et al. (Hase et al. 2021, 2).

A continuación, se presentan algunos de los testimonios de las mujeres entrevistadas para el proyecto de investigación:

“Cuando me fui de Siria era de noche. Tuve que ir en un coche con un contrabandista. La carretera que llegaba hasta el Líbano a esa hora de la noche estaba llena de ladrones, rebeldes, violadores… quizá el contrabandista era uno de ellos, no lo sé. Yo estaba todo el tiempo debajo del asiento… porque a lo mejor si alguien me veía, me mataba o me violaba… Nadie lo sabe. Debido a la situación en Siria, hay muchas milicias en esta carretera… pueden hacer lo que quieran. Esta fue la peor experiencia. Hubo un momento en el que pensé: este es el camino de la esperanza. Esta es la única oportunidad que tengo de vivir y aún así tengo miedo de morir”.

“Te dejaré aquí sola, no me importa lo que te pase. El contrabandista me dijo que caminaba demasiado despacio. Y luego no me dejó volver a hablar, me dijo que si volvía a hablar me mataría.“

“Tenía miedo de que me violaran. Eso era lo primero. Y luego tenía miedo de morir”.

“Yo tenía 12 anos y mi hermana 7. Mi madre siempre preguntaba dónde estábamos. Siempre tenía que vernos, si no, se asustaba. Tenía miedo que algún hombre nos violara. Siempre estábamos juntas. Era muy difícil para ella. Mi madre es muy fuerte.”

“No es fácil para una chica de Oriente Medio viajar sola, venir aquí sola, tratar con gente de muchas culturas y con gente que intenta aprovecharse de ti. A veces la gente te trata de forma muy racista, a veces de forma religiosa, a veces de forma sexual… Tienes que enfrentarte a ello. Tienes que ser muy fuerte. Tienes que tener flexibilidad para tratar con todo tipo de personas, porque al final existen y tienes que protegerte. No muestres a la gente que eres débil. Demuéstrales que eres fuerte”.

“Cuando estás aquí quieres olvidarlo todo, pero no es fácil. Intento olvidar todo el tiempo. Quiero olvidarlo todo desde que salí de Siria hasta que llegué a Austria (…). Al principio no podía dormir. Los primeros 6 meses me despertaba todas las noches. Rezaba y esperaba a que saliera el sol. Me da miedo la oscuridad. Cuando duermo no quiero despertarme hasta que sale el sol. Si me despierto, me fuerzo a seguir durmiendo. Cuando salgo no puedo ir al bosque. Tengo miedo del bosque. Durante el trayecto me dijeron que ponían drogas en las pastillas para que la gente tuviera más energía y caminaran más rápido. Ahora también tengo miedo a los medicamentos. Si voy a la farmacia de aquí sé que las pastillas son buenas, pero aun así tengo miedo. Tengo pastillas en casa recetadas por el médico que no me he atrevido a tomar. ”

“Cuándo llegué a Austria vivía cerca del aeropuerto de Viena. Cada vez que escuchaba el sonido de un avión, salía corriendo pensando que nos iban a bombardear. Me han tenido que explicar muchas veces que aquí no hay guerra.”

Para proteger a las mujeres refugiadas de la violencia de género, los Estados miembros de la UE deben dejar de invertir dinero en medidas de seguridad que violan los derechos humanos y centrar sus esfuerzos en medidas que garanticen la protección y la seguridad de las personas refugiadas. Ante todo, el primer paso sería garantizar rutas de entrada seguras y legales a Europa. Así se evitarían las negociaciones con contrabandistas y las condiciones inhumanas del trayecto. En segundo lugar, los Estados miembros de la UE deberían proporcionar ayuda humanitaria a lo largo de las rutas de tránsito hacia Europa y prestar servicios médicos y psicosociales a las mujeres. Las mujeres refugiadas deberían tener acceso a servicios de salud reproductiva en todo momento. En tercer lugar, debe garantizarse una documentación adecuada de las experiencias de violencia de género de las mujeres, así como reconocimientos médicos certificados como base para emprender acciones legales contra los agresores. Por último, los Estados miembros de la UE deben invertir su dinero en la formación de las fuerzas policiales de Grecia y los países balcánicos sobre mecanismos de alerta temprana y reconocimiento y lucha contra la violencia de género para proteger a las mujeres refugiadas de los retos particulares a los que se enfrentan.

Aunque se produzcan actos de violencia contra las mujeres refugiadas durante el tránsito, las consecuencias de la violencia sufrida se suelen manifestar tras la llegada al país de acogida. Por este motivo, deben ampliarse los servicios de apoyo a las mujeres refugiadas y los proveedores de servicios sanitarios, judiciales y sociales deben recibir formación sobre las necesidades específicas que presentan estas mujeres.

Este acompañamiento no solo tiene que venir por parte de la Administración Pública, tercer sector o ámbito privado, sino que en esta acogida tiene un papel fundamental la sociedad del país de destino. Por este motivo es tan necesaria e importante la Cultura de Bienvenida que lleva a cabo la entidad Refugees Welcome, que tiene como objetivo realizar convivencias entre personas desplazadas y población local.

Es de vital importancia que desde la sociedad del país de acogida se creen espacios de convivencia donde las mujeres refugiadas puedan sentirse seguras, en un clima de respeto, tolerancia y confianza. Se trata de poner en marcha espacios donde las interacciones se llevan a cabo desde una posición igualitaria y donde la diversidad cultural supone un elemento enriquecedor en la convivencia.

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