La instrumentalización de las personas migradas en la frontera entre Polonia y Bielorrusia

Entre los 400 kilómetros de frontera entre Polonia y Bielorrusia se ha conformado un nuevo campo de refugiados improvisado donde alrededor de 4.000 personas (según el gobierno polaco) sobreviven en condiciones deplorables con la mirada puesta en Europa.

¿Por qué está sucediendo en esta frontera?

El presidente de Bielorrusia, Alexandr Grigórievich Lukashenko, estaría aprovechándose de las necesidades de las personas migradas tanto de países de Oriente Medio (como Afganistán o Siria) como de países africanos (como Mali o Costa de Marfil) para ejercer presión a la Unión Europea e implantar una política internacional de miedo, como ya hizo anteriormente Turquía

El motivo de esta presión radica en las sanciones europeas impuestas tras las últimas elecciones del país en 2020, consideradas fraudulentas al ganar una vez más Lukashenko (que lleva en el poder desde 1994) que derivaron en protestas multitudinarias por todo el país durante días y que fueron duramente repelidas por las fuerzas de seguridad del Estado. Tanto la Unión Europea como otros países (entre ellos Estados Unidos) desdeñaron los resultados de las elecciones mientras al mismo tiempo la ONU instaba al Gobierno a cesar la represión extrema que vivía la población. Entre los pocos países que aceptaron la victoria de Lukashenko se encuentran Rusia y China, quienes felicitaron al presidente.

Pero el punto de inflexión comenzó este verano tras el aniversario de las elecciones, al sumarse nuevos países como Canadá o Reino Unido a las sanciones ya impuestas, reduciendo así los ingresos del país. Lukashenko, que ya había sido señalado a principios de año de instrumentalizar la migración con fines geopolíticos, fue acusado por el Alto Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la Unión Europea Josep Borrell de “poner deliberadamente en peligro la vida y el bienestar de las personas y agitar la crisis en las fronteras exteriores de la UE, en un intento de distraer la atención de la situación en Bielorrusia, donde la represión brutal y las violaciones de los derechos humanos continúan e incluso se agravan”. Estas declaraciones vienen tras haber descubierto la existencia de ofertas de viaje para las personas migradas que incitaban a viajar a la capital bielorrusa y de ahí entrar al territorio europeo a través de Kuznica, en la frontera con Polonia, ayudados por los militares bielorrusos.

¿Cuál ha sido la respuesta de la Unión Europea?

Tanto Polonia como Letonia y Lituania han declarado sus países en estado de emergencia ante el número de personas migradas presentes en sus fronteras. Polonia cerró hace más de una semana el paso de Kuznica, intensificando la protección de su frontera con el despliegue de más de 15.000 militares a la zona. La Unión Europea ha aprobado la intensificación de las sanciones anteriormente impuestas en un intento de frenar a Lukashenko y evitar la trata de personas. En un comunicado, la presidenta de la Comisión Europea Ursula Von der Leyen afirmaba que “la instrumentalización de migrantes con fines políticos por parte de Bielorrusia es inaceptable (…). Bielorrusia debe dejar de poner vidas en peligro”, proponiendo incluso, imponer sanciones a aquellas aerolíneas que colaboren con los intereses de  Lukashenko. 

¿Dónde quedan los derechos humanos?

Si bien es necesario implantar un paquete de sanciones para evitar que Bielorrusia utilice a las personas migradas como arma para instaurar el miedo en la población europea, la Unión no se ha pronunciado ante la vulneración de los derechos humanos de las personas que se encuentran en estos momentos sufriendo las consecuencias de la guerra híbrida (debido a la utilización de tácticas convencionales y no convencionales) que está aconteciendo. La instauración de los estados de emergencia en Polonia, Letonia y Estonia imposibilita a las ONGs el acceso a la zona y la capacidad de proteger a las personas migradas, quienes se asentaron en la frontera mientras esperan la resolución del conflicto con temperaturas por debajo de los 0 grados y sin apenas víveres. Aquellas personas que han intentado acceder a Polonia a través de zonas consideradas como no protocolarias, han sido devueltas en caliente y sin haber tenido la oportunidad de solicitar asilo. Residentes del pueblo más cercano declaran tener miedo a hablar y/o ayudar a las personas por miedo a las represalias de los militares que patrullan en la zona. Esta situación se agrava – todavía más –  por el alto número de niños y niñas que se encuentran en esta situación que no tiene una solución de reubicación aparente. 

Desde Refugees Welcome España condenamos fervientemente la trata de personas y el uso de ellas para fines geopolíticos. No debemos permitir que se expanda una idea errónea que derive en el miedo hacia las personas migradas, quienes se convierten en tal por las peligrosas situaciones en sus países de origen, y que deberían gozar tanto de sus derechos humanos más básicos como de la oportunidad de solicitar asilo. La Unión Europea debe garantizar en todo momento un flujo de personas ordenado y seguro a través de la frontera según la legislación internacional vigente y que protejan a la población desplazada en busca de un futuro mejor.

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