Melilla – Otras miradas

En este blog, Pablo, fundador de Refugees Welcome,  nos cuenta su paso por Melilla y analiza las alternativas al discurso del orden y el miedo. También contamos con el testimonio de Daniel, trabajador social y voluntario en Solidary Wheels.

Acabo de estar en Melilla. Marché justo antes de que estallara la verdad en nuestras teles. La gente pide paso. Si no llegamos a conocer a estas personas es porque acordamos con Marruecos un contrato de portero.

Pero allí hay gente que construye otras narrativas. Voluntarias que por la Fiesta del Fin del Ayuno (Eid al-Fitr) reparten comida a decenas de menores que duermen en hostales y centros, pero también en los pasillos de la Plaza de Toros o en las calles de la Ciudad Autónoma. Me contaron cómo se dedican al risky casi a diario; que conocen ya a los guardias civiles; que hay uno al que llaman “La solución” y saben que mejor no intentarlo si está él. Como un juego, pero que a veces se cobra una vida o acaba en heridas graves.  Testigo de esta violencia es Daniel, trabajador social y voluntario en Solidary Wheels.

“Recuerdo la primera vez que visité el puerto y admiré aquellas preciosas vistas desde lo alto de Melilla la Vieja. El sitio perfecto donde personas y turistas acuden a contemplar el atardecer o a hacerse fotos para subirlas a sus redes sociales. Todo ese bello paisaje queda ensuciado por la violencia del espacio portuario. La “segunda frontera”. Un lugar que se ha convertido en la cárcel de sueños de menores migrantes no acompañados. Jóvenes extutelados e indocumentados marroquíes que ponen en riesgo su integridad física en la búsqueda de continuar su proyecto migratorio. La crueldad y dureza del puerto como espacio securitizado: vallas con concertinas, altos muros, elevada presencia de cuerpos de seguridad (Guardia Civil y Policía Nacional). Permanentemente controlando los accesos e interiores del puerto, hacen de este lugar un muro de contención para aquellos jóvenes y personas más criminalizadas y marginadas por la ciudad.

Esta condición de chico que hace risky -también hay casos de chicas, pero minoritarios-, es un concepto que sólo discrimina y deshumaniza. La violencia policial que se ejerce todos los días contra estas personas queda impune. Cuando hacemos intervención en calle y acudimos a las zonas donde estos jóvenes suelen reunirse o simplemente pasean, nos encontramos con chicos que han sido agredidos por los cuerpos de seguridad del puerto y presentan fuertes contusiones, heridas, fracturas y puntos quirúrgicos. Debido a los golpes y palizas que reciben, muchos necesitan ser trasladados al hospital para recibir asistencia médica. También nos encontramos jóvenes que en su intento de entrar al puerto, se han caído del muro o cortado con las concertinas al saltar, con consecuencias lesivas graves (cortes profundos, dislocaciones y extremidades rotas).

La frustración y el dolor de estos jóvenes inunda el lugar y los alrededores donde descansan. Tras un nuevo intento de cambiar su realidad y salir de una ciudad que los retiene por demasiado tiempo. La calle es su único refugio, tienen que levantarse todos los días con el único objetivo de sobrevivir y, con suerte, ese día pasar haciendo risky.

 

Es alarmante ver la impunidad con que actúan los cuerpos de seguridad y la normalidad con la que se acepta

 

La violencia en torno a la práctica del risky es un tema que ha carecido de espacio informativo en los medios de comunicación. La vulneración de derechos humanos que supone debe servir para remover conciencias. Hablamos de menores que sufren una violencia física y psicológica directa, sistemática y cotidiana. Y quien la ejerce goza de la protección y el beneplácito institucional y judicial. Bajo el amparo de unas políticas migratorias donde todo vale. Políticas de control migratorio aliadas de la construcción de un mundo racista, xenofobo y aporafóbico con aquellos que menos tienen. Víctimas de un sistema capitalista depredador, que dirige nuestra mirada lejos de las injusticias y miserias como escudo protector de nuestros privilegios.

El risky es el único camino para aquellos jóvenes y personas que han caído en el limbo. Sin posibilidad de acceder a la vía documentaria y a la única oportunidad de alcanzar una vida mejor para ellos y sus familias. El risky seguirá existiendo, dejando por el camino cuerpos y mentes rotas por la violencia; caras tristes por la incomprensión y el sufrimiento; jóvenes frustrados por no alcanzar una vida que se les niega por haber nacido al otro lado de la valla…”

Una alternativa para Melilla

Recojo de nuevo la palabra para buscar luz. Creo que hay alternativas al discurso del orden y el miedo. Confío en la creatividad en un ecosistema de escasez de derechos, de valores y de recursos. Lo que ocurre en Ceuta y Melilla, al igual que lo que pasa en Canarias, merece un cambio de mirada. Para empezar, de garantía de derechos ya conquistados, evitando las devoluciones. Para continuar, de construcción de oportunidades reales.

Recientemente La Moncloa ha presentado “ESPAÑA 2050 – Fundamentos y propuestas para una Estrategia Nacional de Largo Plazo”. Uno de los doce ejes de propuestas que presenta es el “fomento de la inmigración legal y de la captación de talento extranjero como vías adicionales para dinamizar nuestra economía y apuntalar la viabilidad de nuestro estado de bienestar.”

Regularización permanente

La inmigración es legal en el momento que facilitemos la regularización. Se estiman alrededor de 400.000 mil personas en situación irregular en España. No se me ocurre mejor forma de dar un primer paso en este sentido que haciendo la proposición no de ley de regularización urgente, permanente y sin condiciones de RegularizaciónYa una realidad. No es la primera vez que ocurre y supone una herramienta eficaz de inclusión y de protección de derechos. Las compañeras de PorCausa tienen una infografía maravillosa sobre el tema.

Recolectores de guisantes. California, 1936.

Recolectores de guisantes sin recursos en California. Madre de siete hijos. Treinta y dos años. Nipomo, California, 1936. Fotógrafa: Dorothea Lange

Hay en este presente alguna buena noticia como es la reforma del reglamento de Extranjería para rebajar los requisitos impuestos a los menores migrantes no acompañados y a los jóvenes extutelados para obtener la tarjeta de residencia. Cuando las personas nos movemos llevamos con nosotros verdaderos talentos que no deberían quedar ocultos tras una imagen de paternalismo, ni ser bloqueados por una Ley de extranjería obstaculizante. Hay verdaderas oportunidades de ser humanos y de ser valientes, cojamos ese camino.

Por Pablo Suárez Sánchez

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