Analizamos el mercado de la vivienda a través del testimonio de una persona desplazada

Quedamos para tomar un café en Principe Pío, cerca de su piso. N. me cuenta lo poco que tardó en encontrarlo gracias a que una compañera de clase conocía al chico que vivía ahí. Pese a ello, años antes experimentó en primera persona la dificultad a la que se exponen las personas extranjeras al encontrar piso.

N. es marroquí y estudia en Madrid, ha sufrido varias situaciones de discriminación racial, algunas más explícitas y otras más sutiles, pero todas reflejan la desconfianza y el racismo a la que se enfrentan las personas extranjeras en España.

El racismo a veces es invisible, a veces, incluso participamos en él de forma implícita. Pasa desapercibido entre estereotipos y falsas creencias que frecuentemente suponen una dificultad añadida para las personas que la sufren.  

¿En qué formas se expresa la discriminación racial en el sector de la vivienda?

Según el reciente informe ¿Se alquila? de la asociación Provivienda, el 72,5% de las inmobiliarias contactadas para el estudio aceptaron formas explícitas de discriminación. Esta tendencia no es nueva, ya en 2010 casi un cuarto de los encuestados por el CIS reconocía que rechazaría alquilar su piso a una persona inmigrante y más de un 20% sostenía que trataría de evitar la situación. 

Hoy, en plataformas de búsqueda de piso es común encontrar cientos de anuncios empezando con “Chicx de nacionalidad española, busco piso”. Estas formas de discriminación podrían considerarse casi imperceptibles para personas que no sufren esta lacra porque es muy implícita y es resultado de una normalización por parte de la población de este tipo de prácticas. Otras formas de discriminación son más explícitas. “Lo siento, solo europeos”, “Ya está alquilado”, “Lo tenía apalabrado”, son respuestas comunes a las que se enfrentan N. y sus amigos marroquíes, también estudiantes en distintos países de Europa. N. nos cuenta que le han llegado a pedir el año entero de alquiler por adelantado e incluso le han cambiado las condiciones de 2 a 4 meses de alquiler al presentarse con su nombre.

Este tipo de discriminación no solo se manifiesta a través de la desconfianza, sino que también se expresa a través de estereotipos y falsas creencias que se van integrando en el imaginario social y que perpetúan la discriminación racial. N. dejó de decir que era marroquí hasta que surgía en la conversación cuando visitaba los pisos y ha llegado a escuchar respuestas como “Ah, pues no lo pareces”, “No lo habría dicho”, “Pues fíjate que eres normal”. 

“Te da la sensación  que esperan que por ser marroquí vas a tener un aspecto descuidado.

“Tengo a varios amigos de Marruecos estudiando en países europeos y siempre se han encontrado con algún tipo de dificultad para encontrar piso; donde más, en España y Francia”, relata N. Es un hecho que la discriminación racial en el sector de la vivienda español existe, durante los últimos años, se han llevado a cabo numerosos estudios a través de ONGs como SOS Racismo Bizkaia y CEAR Euskadi (2012) o la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (2013) donde se manifestaba la diferencia de trato entre los nacionales y los extranjeros que se presentaban en inmobiliarias y la diferencia cuantitativa de viviendas que se ofrecían a cada colectivo. 

El problema viene derivado de que, como apunta el informe de SOS Racismo, este rechazo no es una actitud exclusiva de los propietarios de pisos o las inmobiliarias sino que proviene de una creencia generalizada entre la población, una creencia basada en mitos y estigmas.

Estas creencias que fomentan la diferenciación por origen racial conforman el conjunto de mitos que se instalan en nuestra mente colectiva de forma casi invisible y la mayoría están construidas a partir de la ignorancia. Muchas de ellas están tan arraigadas en el discurso público que casi no se cuestiona su origen y su veracidad. 

Debemos preguntarnos… ¿Qué fue antes, el mito/la creencia o la realidad?

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